
Hace
varias semanas se realizó en la sede de
la UNESCO, en París, el Coloquio sobre 'Cultivos de uso ilícito
en la región andina'. Fue un espacio en que los países
europeos evaluaron el por qué del fracaso delas políticas
de erradicación. Allí habló Alain Labrousse.
La
legalización en la agenda
Negocio de las drogas debe ser monopolio del Estado
Semana,
colombia
Alain
Labrousse, especialista mundial en el tema de las drogas habló sobre
las relaciones entre los grupos ilegales armados y el narcotráfico
con Olga Lucía González del Grupo sobre Actualidad
Colombiana (GAC):
—¿
Cuál es la particularidad del negocio de las drogas en la Región
Andina frente a otras regiones del mundo?
Veo tres características. La primera es que una parte de la
producción de hoja de coca es legal: se destina al consumo interno.
Es así en Perú y Bolivia y en las zonas indígenas
de Colombia. El segundo aspecto tiene que ver con la especialización
de la droga en las organizaciones criminales. La tendencia mundial
es el politráfico. Es el caso en Marruecos, Afganistán,
Pakistán o de la mafia italiana, de los yakuzas o de la Tríada
china. Hay allí organizaciones especializadas en el tráfico
de drogas. Finalmente, la tercera característica es la intervención
norteamericana.
—¿
Históricamente, cómo han sido las relaciones de las
FARC con la droga?
Las FARC han existido durante 15 años (entre 1964 y 1979) sin
tener ninguna relación con las drogas. Cuando llegó el
boom de la coca, en zonas como el Guaviare y Caquetá, su primera
reacción fue luchar en contra porque decían que era una
marca de la degeneración capitalista. Poco a poco entraron a
proteger a los campesinos de la erradicación, porque son su
base social. Llevaron a cabo una política de la coca, que consistía
en pagarles un precio justo a los productores. Pero rápidamente
esto implicó iniciar una relación con los compradores
y traficantes. Otro elemento en esta relación fue la séptima
conferencia de las FARC, donde se fijaron de 8 a 10 años para
tomarse el poder. Para eso necesitaban recursos. Por esa razón
doblaron los frentes en dirección de las fuentes productivas
(como la coca, pero también el oro y el petróleo).
Hasta ahora no existen pruebas que demuestren que posean
sus propios laboratorios
y que tengan redes en el exterior. Ahora bien, moralmente
no existe diferencia entre servir de intermediario o producirla
ellos mismos.
Pero si hubiera pruebas contundentes, se hubieran difundido.
—¿
Históricamente, cómo han sido las relaciones de los
paramilitares con la droga?
Con los paramilitares sucede algo completamente diferente:
siempre han estado ligados a las drogas. Ni siquiera Carlos
Castaño
lo niega: él critica a los que se han dedicado únicamente
a la droga. Además hay otro factor, y es que los paras controlan
los puertos de salida con la ayuda del Ejército, controlando
así las redes de exportación. Esto fue confirmado a principios
de 2004, cuando se decomisaron 4 toneladas de cocaína en Calabria
que eran de Mancuso. Los paramilitares sí están
involucrados en laboratorios y redes, sobre esto no hay
ninguna duda.
—¿ Existe
un modelo explicativo de las relaciones entre los grupos armados
al margen de la ley y las drogas?
El modelo es el mecanismo descrito para las FARC y
se aplica para otros grupos. En un primer tiempo defienden
al campesinado
y sacan
un impuesto.
Luego obtienen un impuesto de los laboratorios, del
tránsito,
de los traficantes. Finalmente se involucran en la recolección
de materia prima, etcétera. En América latina, Sendero
Luminoso tuvo más o menos las mismas etapas que las FARC, con
una diferencia: hubo corrupción de líderes de esta organización
que desaparecieron con el dinero. —¿
La legalización lograría el cometido de dejar de hacer
rentable el negocio de las drogas?
Es evidente que la legalización dejaría de hacer rentable
el negocio de las drogas. Económicamente no hay discusión:
si se legaliza, se pagaría al precio de un producto agrícola
de exportación, de mayor valor que uno de autoconsumo.
—¿
Cómo se organizaría el negocio, a sabiendas de que
no se puede popularizar su uso en el Norte?
Personas a favor de la legalización, como Francis Caballero,
dicen que debería ser monopolio del Estado. No se puede bajar
el precio tanto que se atraiga a jóvenes y marginados. Un precio
razonable sería de 10 euros por gramo, mientras que el costo
de producción no llegaría a un centavo de euro. Aun si
hubiera un mercado paralelo, no sería tan
rentable.
Las experiencias de otros países dicen algo: en Bolivia, el
mercado ilegal es el que mantiene los precios del mercado legal. En
Turquía existe únicamente producción legal de
amapola. Los campesinos no transforman la amapola en opio. Tallan las
plantas y las envían a procesar a otra parte, y esto se hace
con máquinas. Los campesinos no participan en la transformación.
En la India existe una producción legal de amapola y una ilegal.
La razón es que se les permitió a los campesinos rayar
la amapola y cosechar opio, por lo que hay una desviación
hacia el mercado ilegal. |