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El SI a la segunda pregunta del referéndum, dice el autor, permitiría investigar a las empresas sobre la legalidad de los contratos y su cumplimiento, y, según los casos, “recuperar” los hidrocarburos sin confiscación, sin indemnizaciones injustas y sin la mala propaganda de las empresas en el ámbito internacional contra Bolivia.
NACIONALIZACIÓN, CONFISCACIÓN O RECUPERACIÓN
Bernardo Corro Barrientos
Aunque no es
la primera vez en la historia de Bolivia, siempre es sorprendente
ver cómo los extremos se juntan cuando se trata
de tomar decisiones políticas importantes para la vida nacional.
Este fenómeno puede ser otra vez constatado en la actitud
ambigüa y extremista de algunos sectores y partidos respecto
del próximo referéndum. Algunos piden la nacionalización
y confiscación inmediata de los hidrocarburos; pero,
en el fondo, pueden estar tratando de conseguir todo lo contrario.
Muchas veces, lamentablemente, la acción de estos extremos
logró crear situaciones graves y durables para el país.
En 1971, por ejemplo, la acción irresponsable de la izquierda
extremista contra el gobierno del general Torres hizo posible que
la derecha diera un golpe de Estado sangriento para tomar el poder.
Este régimen duró más de siete años.
En 1985, igualmente, las demandas desmesuradas de la izquierda y
del anarcosindicalismo, constituyeron el motivo para tomar las decisiones
plasmadas en el decreto supremo 21060. Este régimen duró más
de 20 años.
Posiciones contraproducentes
Actualmente
se observa lo mismo. Existen sectores populistas de izquierda y
de derecha que rechazan el referéndum y exigen, mediante
acciones agresivas, que se nacionalice y se confisque de inmediato
el sector de hidrocarburos. Estas exigencias pueden tener consecuencias
peligrosas y negativas para el futuro nacional. No sería de
extrañar que con estas exigencias delirantes se
busque simplemente lograr solapadamente lo contrario.
Nacionalizar de inmediato y confiscar los activos de
las corporaciones del sector de hidrocarburos o, mediante
el
referéndum entendiéndolo
en esa dirección —que no es la del gobierno de Carlos
Mesa—, tendría consecuencias fuertemente negativas para
la economía nacional. Las empresas transnacionales, paradójicamente
si se quiere, verían la medida expropiatoria con sumo agrado,
ya que de ese modo podrían recuperar anticipadamente la inversión
realizada vía indemnización. Mediante tribunales internacionales,
de otro lado, se proceda por la expropiación o por la confiscación
de las empresas, éstas podrían obtener grandes compensaciones
y ganancias, en detrimento de los escasos recursos del país.
Otra consecuencia negativa sería el desprestigio del país
ante inversionistas y financiamientos externos, aparte de lo que
afectaría a las relaciones de Bolivia con organismos internacionales
como el FMI y el BM, ante los cuales —y con ellos casi la totalidad
de los demás— el país ingresaría a una
lista negra de inelegibilidad para todo tipo de préstamos
o ayudas.
SI a la 2da. pregunta
Lo más conveniente, para evitar estos problemas, sería que el pueblo se pronuncie en el referéndum por la “recuperación” de los hidrocarburos, es decir, contestando SI a la segunda pregunta. Este recurso daría al gobierno la legitimidad necesaria para investigar a las corporaciones de dicho sector respecto, por una parte, a la legalidad de los contratos de riesgo compartido y, por otra parte, respecto a su cumplimiento. Si se establece que los contratos son incorrectos, o que no fueron cumplidos, entonces se puede proceder a la recuperación del sector de hidrocarburos sin necesidad de “nacionalización”o de confiscación, lo que permitiría evitar indemnizaciones injustas y la mala propaganda de las empresas en el ámbito internacional contra Bolivia.
Bernardo
Corro Barrientos es analista institucional y económico
bercorro@yahoo.com