
Más
allá de Carlos D. Mesa y sus circunstancias, hace
falta una dosis necesaria de serenidad —materia siempre
esquiva— para analizar la política que se
manifiesta abiertamente hoy como el crudo comercio del
poder. Cinco miradas en el intento.
Detrás
de las preguntas
Referéndum,
Mesa y democracia, ¿trilogía posible?
Gustavo
Guzmán
Hay
varias maneras de observar el país político desde
que el Presidente puso a rodar las cinco preguntas que responderemos
las bolivianas y bolivianos en 60 días, el domingo 18 de
julio, fecha fijada para el referéndum sobre el gas.
Es prudente y previsor, sin embargo, fijar la mirada sobre el país
a partir de esta suerte de paranoia nacional que parece consumirnos. Vivimos
en medio de la ruptura entre la inteligencia de las cosas y la sensibilidad
de las cosas.
De ahí, desde esa paranoia, asoma la imagen de un país dividido.
Y ahí está la significación política sustancial
de lo que vivimos.
Pura retórica periodística, si no asoman los hechos. Ahí vamos.
Si son cinco las preguntas lanzadas por el presidente Mesa, son cinco también
los puntos de observación desde los que vale la pena situarse para
mirar Bolivia con rumbo tambaleante al referéndum.
Primera
estación
Si
se sitúa el observador en el balcón desde donde se
evalúa fríamente la gestión del Presidente
nacido en octubre 17, se puede decir que Carlos D. Mesa Gisbert
está cumpliendo el compromiso asumido ese viernes 17, cuando
sustituyó al Huido.
Siete meses y dos días después de que el Presidente dijera
que “el tema del gas no puede resolverse sin la participación
del conjunto de los bolivianos y las bolivianas”, hoy tenemos las cinco
preguntas que responderemos esos bolivianos y bolivianas.
Desde este mismo ángulo del observador, se puede decir también
que el Presidente ha tejido con coherencia —con su coherencia, una
coherencia por encargo— el proceso de construcción de eso que
se llama “agenda de octubre”.
Las cinco preguntas del referéndum son, en sustancia, la puesta en
consulta del contenido del proyecto de nueva Ley de Hidrocarburos elaborada
por los colaboradores del Presidente poco después de octubre. Hay
una clara identidad entre ese proyecto de ley y las cinco preguntas del referéndum.
Pero esos siete meses y dos días desde octubre no pasaron en vano.
Octubre se reproduce todavía en nuevos escalones que nos pintan a
los bolivianos como deseosos de “liquidar” de una vez y para
siempre lo que octubre de 2003 no fue capaz de resolver. En ese ánimo
surge la legítima discusión de una probable nacionalización
de los hidrocarburos.
Por eso, este primer punto de observación del país es insuficiente.
Segunda
mirada
Desde
otro ángulo del mismo balcón en que se mira el país,
no puede desconocerse la importancia de ese nuevo instrumento de
la democracia boliviana de nombre referéndum.
Póngasele el nombre que se quiera —democracia directa o participativa,
por ejemplo—, el referéndum debiera ser entendido como uno de
lo más importantes logros de la democracia boliviana, negarlo sólo
puede explicarse por la citada paranoia nacional.
Y es tanto así, porque —si llegamos al 18 de julio con democracia
y referéndum—, ¿por qué no atrevernos después
a una consulta nacional sobre la coca y la tierra, por ejemplo?
Aún así, este punto de observación del país resulta
insuficiente. Sigamos.
Tercera
mirada
Si
se coloca el observador bajo el alero de lo que hierve en las calles
y los sindicatos de La Paz y El Alto, en las oficinas de comités
cívicos o gremios empresariales de Santa Cruz y Tarija,
si se sitúa la mirada desde adentro de los medios de comunicación
o hasta en los mismísimo cuarteles, lo menos que se puede
mirar es un curioso alineamiento de fuerzas y protagonistas.
Curioso alineamiento se dice, porque habrá que explicarse ¿qué es
lo que une a Solares, De la Cruz y Quispe con los empresarios del agropoder
cruceño y con la mentalidad de “nuevos ricos” de ciertos
señores tarijeños?
Pero además, ¿cómo explicarse que a los movimientos
sociales surgidos en abril del año 2000 se le hayan sumado, ya no
sólo los gremios empresariales sojuzgados por el oro de las petroleras,
sino unos militares incapaces de ocultar sus charreteras y fusiles ante un
fallo de un Tribunal Constitucional?
Añádese el delirio mediático y la vieja pezuña
política de los maniobreros senatoriales (de fino olfato oportunista)
al escenario nacional, y se verá el tamaño de la dislocación. ¿Provocada? ¿Meditada? ¿Golpista,
finalmente?
¿ Qué mueve los hilos del oportunismo de algunos congresales? ¿Los
mueve el hecho de que, en gran medida, quedan fuera de juego en las definiciones
centrales de la nueva ley de hidrocarburos que ahora estará en manos del “soberano”?
Hay, sin embargo, en medio de esos extremos que se unen, curiosamente, la
pregunta de un taxista en pleno centro de La Paz: “Ya no sé que
quieren, ya no sé que queremos los bolivianos… ¿Acaso
no queríamos un referéndum en octubre y acaso no lo tenemos
ahuritita mismo?…”.
Dos miradas más.
Cuarta
mirada
Recogiendo
los tres puntos de observación hasta ahora reseñados,
cabe desembocar en otra mirada —más precisa todavía—,
en la circunstancia política que surge desde el referéndum
posible y sus cinco preguntas.
Bolivianos y bolivianas, paranoicos o no, estamos frente a la posibilidad
de decidir el curso del actual gobierno. Detrás de las cinco preguntas,
sujetas al tema del gas como punto de partida, emerge una alternativa democrática,
si así lo queremos.
Tras esas cinco preguntas, y por las condiciones políticas que las
rodean, no es aventurado afirmar que el referéndum sobre el gas es
también un plebiscito político sobre la gestión de Carlos
D. Mesa Gisbert.
Si así lo entendieran Solares y sus amigos, los poderosos señores
del oriente y sus ocasionales pares tarijeños, ¿por qué no
ejercen su derecho y le dicen un rotundo NO a las preguntas y al Presidente
Mesa?
¿ Les resulta muy difícil asumir el referéndum de esa manera? ¿No
se han dado cuenta que si Mesa pierde no tiene otro camino que no sea el de abandonar
el Palacio Quemado para que sea un nuevo plebiscito —elecciones nacionales— el
que defina quién ocupa la política que se ejerce desde la Plaza
Murillo?
Es más, ¿no son unos próximos comicios nacionales el
mejor de los espacios políticos posibles para debatir en serio la
nacionalización de los hidrocarburos?
¿ No lo cree así el Capitán Reyes Villa, nacionalizador
de última hora y socio solidario de los Solares de occidente y los poderosos
señores del oriente?
Quinta
mirada y última
Puestas
las cosas así, y si se trazan —siempre imaginariamente— dos
puntos de referencia para situarnos en el actual plano político
nacional, (Punto A) la disposición de la masa rugiente —adornada
con los señores del oriente y del sur— dispuesta a
jugarse el todo por el todo por el aún invertebrado pero
legítimo objetivo de la nacionalización y (Punto
b) la posibilidad cada vez más abierta de la resurrección
reaccionaria, ¿dónde se sitúa el referéndum
y sus consecuencias?: en el justo medio, en el centro de las acciones
políticas posibles desde la democracia.
Así planteadas las cosas, la consulta nacional del domingo 18 de julio
puede convertirse en ese espacio político —quizá el único— que
posibilite la continuidad de la democracia boliviana. Por eso, detrás
de las cinco preguntas hay otras dos fantasmales que cuestionan la vocación
democrática de bolivianos y bolivianas: ¿Está usted
de acuerdo en vivir en democracia?, ¿está usted de acuerdo
en que se vaya Mesa?
Finalmente, hay otra manera de plantear las cosas: “…es mi
deber advertir que los peligros que se ciernen sobre la Patria siguen intactos:
la desintegración nacional, el autoritarismo corporativista y sindical
y la violencia fratricida…”.
Es una frase de la carta que Gonzalo Sánchez de Lozada envió al
Congreso Nacional el viernes 17 de octubre del año 2003. ¿Le
vamos a dar la razón al Huido?
Radiografía
necesaria
Las 5 preguntas y sus entremeses
Se
trata de un compacto artefacto político de cinco preguntas.
Todas ellas relacionadas entre sí, expresivas y coherentes —en
la coherencia de lo que Carlos D. Mesa Gisbert entiende como “agenda
de octubre”— respecto de lo que el Presidente ha sido
capaz de hacer desde que asumió el mando del país,
el viernes 17 de octubre.
Tres de las cinco preguntas (1, 3 y 5) son el espejo en el
que se refleja el proyecto de nueva de Ley de Hidrocarburos
que presentará Mesa
Gisbert al Congreso, después del referéndum. Dos
de esas preguntas (2 y 4) expresan algo más: una manera
de entender y enfrentar la nacionalización de los hidrocarburos
(Pregunta 2) y otra que manifiesta la variante histórica
de la soberanía que el Presidente introdujo en el tema de
la reinvindicación marítima (Pregunta 4).
En las cinco preguntas hay una alta dosis de astucia política.
Aquí una lectura del cuestionario que nos presentó el
Presidente el miércoles 19 de mayo:
1 ¿Está usted de acuerdo con la abrogación de la Ley
de Hidrocarburos 1689 promulgada por Gonzalo Sánchez
de Lozada?
Astuta
y cargada de política, así puede definirse
esta primera pregunta. Con ella, Carlos D. Mesa Gisbert nos está diciendo/proponiendo
al menos dos cosas: 1) Diferencien ustedes entre lo que propongo
yo y lo que dejó Gonzalo Sánchez de Lozada; 2) Entiendan
ustedes que en Palacio de Gobierno habita uno que no es Goni. Nos
dice el Presidente así, que viene siendo hora de marcar
la diferencia. En eso radica la astucia y la carga política,
pues, al mismo tiempo, les entrega a los gonistas que quedan la
posibilidad de marcar un NO contundente. Es una pregunta que golpea
en el pasado inmediato, en lo que Mesa Gisbert quiere dejar atrás.
La ciudadana o ciudadano que marque el NO en esta casilla, casi
no tendrá más opción que marcar
lo mismo en las siguientes cuatro casillas.
2 ¿Está usted
de acuerdo con la recuperación
de la propiedad de todos los hidrocarburos en boca de pozo
para el
Estado boliviano?
Más astucia política, anzuelo y consuelo para muchos. Aquí está la pregunta de mayor “densidad” política.
Más astucia porque es la forma en que el Presidente ha decidido
abordar el puntiagudo tema de la nacionalización. Anzuelo
y consuelo para “nacionalistas” poco convencidos (“suena
a nacionalización”, apunta un tipo nada desprevenido);
atrevimiento hiriente y ofensivo para los otros, los “nacionalistas” vocingleros.
Este es el “verdadero concepto de nacionalización”,
dice Mesa Gisbert, para que pataleen los renegados del mundo. Ésa,
la carga política, porque además, la pregunta —siempre
que su respuesta mayoritaria y vinculante sean un SI— despeja
ese “limbo” en el que levita la propiedad sobre los
hidrocarburos producidos. Nos dice Mesa Gisbert: Sánchez
de Lozada entregó la propiedad de los hidrocarburos al capital
transnacional, yo se la devuelvo al Estado boliviano (tiemblen “nacionalistas” de
toda laya, y sufran, porque esto va de aquí para adelante,
el Presidente es selectivo cuando mira para atrás:
los actuales Contratos de Riesgo Compartido no se
tocan).
3. ¿Está usted
de acuerdo con refundar Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos recuperando la propiedad estatal
de las acciones de las bolivianas y bolivianos en las
empresas petroleras
capitalizadas
de manera que pueda participar en toda la cadena
productiva de los hidrocarburos?
Obvia
y necesaria. Pregunta cantada desde hace mucho. “Facilona”,
dice el mismo tipo nada desprevenido. ¿Quién se opone?:
los movimientistas bonosolistas fanáticos y siempre leales
al Jefe en el exilio (no se preocupen, les responden los hacedores
de las preguntas, el Bonosol se paga). Pero hay cosas más
importantes y sustanciales en esta pregunta. ¿Se trata de
una “expropiación” o “confiscación” de
las acciones que “poseemos” todos los bolivianos mayores
de 21 años al 31 de diciembre de 1995? No señor —responden
desde Palacio—, porque Sánchez de Lozada no nos hizo “propietarios” de
nada, sólo somos beneficiarios de la rentabilidad de las
empresas capitalizadas. Y tiene razón. De lo que se trata —con
un SI a la pregunta— es de echar a andar un Yacimientos más
financista que productor, de un Yacimientos con verdadera traza
de socio frente a las empresas transnacionales. ¿YPFB productor
de gas y petróleo? ¿YPFB propietario de al menos
una parte de las actuales reservas de gas natural? ¿YPFB
con 700 ú 800 millones de dólares de capital? Que
lo demuestren los hacedores de las preguntas, tienen 60 días
hasta el día del referéndum.
4. ¿Está usted
de acuerdo con la política del presidente
Carlos Mesa de utilizar el gas como recurso
estratégico
para el logro de una salida útil y soberana
al océano
Pacífico?
La
pregunta de la molécula. Coherente el Presidente Mesa. ¿Cómo
no? Si no hay molécula de gas para Chile, ¿por qué no
aprovechar el referéndum para que el entusiasmo patriótico
presidencial resuene el domingo 18 de julio y se convierta en millones
de bolivianos no menos entusiastas? Incuestionable la astucia,
otra vez, porque sin nombrar a Chile se le refriega la trilogía
Mar–Gas-Soberanía. Y más astucia todavía
porque sin nombrar a Perú, no cae el Presidente en los pretenciosos
brazos peruanos. Y otra vez la diferencia, cuando Mesa Gisbert
nos dice: yo no soy ni Tuto ni Goni, yo he puesto en agenda la
soberanía. “Aquí el Presidente juega todo su
prestigio en la boleta del mar”, apunta el señor
nada desprevenido.
5. ¿Está usted
de acuerdo con que Bolivia exporte gas en el marco de una política
nacional que:
• cubra
el consumo de gas de las bolivianas y los bolivianos;
•
fomente la industrialización del gas en territorio nacional;
•
cobre impuestos y/o regalías a las empresas petroleras llegando
al 50% del valor de la producción del gas y el petróleo
en favor del país;
•
destine los recursos de la exportación e industrialización
del gas principalmente para educación,
salud, caminos y empleos?
Ratificación e imperdonable largueza. Comencemos por lo
segundo, por la larga pregunta: un periodista como Carlos D. Mesa
Gisbert debería ser más conciso, ¿no? En vez
de semejante parrafada, se sugiere una redacción alternativa,
más sincera, además:
¿Debe Bolivia exportar gas bajo una política que asegure
el consumo doméstico masivo, fomente
su industrialización,
cobre a las petroleras impuestos hasta
el 50% del valor de producción
y destine los beneficios de la exportación
a educación,
salud, caminos y empleos?
Pero estos son asuntos de forma,
vamos al hueso. Con esta quinta y última pregunta, queda meridianamente claro que, en el
tema de regalías e impuestos, el gobierno de Carlos D. Mesa
Gisbert no se mueve un milímetro de la propuesta contenida
en el proyecto de Ley de Hidrocarburos que presentará al
Congreso después del referéndum. Sostiene el Presidente,
en esta pregunta, su propuesta impositiva: el Impuesto Complementario
a los Hidrocarburos. Las regalías no se tocan, no se pueden
tocar, porque así lo quiso Sánchez de Lozada. Hasta
ahí llegan las “afrentas” del
Presidente a su antecesor. |
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