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Ronaldinho Gaucho, ilusionista

El Madrid ha fracasado y agrega un hito al revés a su historial: cuatro partidos consecutivos derrotado en el torneo de liga española. Galácticos pura promesa, porque en realidad andan metidos en los subsuelos de la derrota como roedores que no encuentran la luz al final del túnel.
Florentino, el inmobiliario, podría quedarse sin silla presidencial y ser sustituído por Lorenzo Sanz; Valdano es el Francesco Zaratti del fútbol, cuando estaba afuera del poder y vivía entre el potrero, los libros y la competencia deportiva hablaba y hacía cosas emparentadas con la contestación a lo establecido. Ahora que se subió al lujoso vagón desde el que se digitan decisiones se ha convertido en un manager de mano invisible, más derechón que los mismos derechones de origen. Y así, como diría Francisco Umbral, hincha del Valladolid a pesar de ser un capitalino de la literatura española.
Así que para felicidad de los que abrazamos con pasión la imprevisibilidad, el Madrid está en el pozo, donde tiene que estar, mientras el abanderado de las batucadas en la concentración brasileña de Japón/Corea 2002 se ha llevado la música para la ciudad condal, adherirse la azul y granate del Barcelona y a jugar se ha dicho, sin pompas, sin presentaciones ruidosas, sin otra carta de recomendación que con la esférica rodando hasta llevar al equipo de Serrat al segundo lugar de la tabla, luego de haber estado de mitad de tabla para abajo.
Así el Barcelona tiene ahora a un ilusionista ilusionado, a un chico con mala dentadura (igual que Ronaldo, Tévez, los estetas de la cirugía bucal no son para los nacidos en la favela o la villa miseria) que sonríe con generosidad de niño, declara que su dinero lo entrega a mamá y nada más le interesa jugar.
Y Ronaldinho juega. Es un finteador. Un acróbata. Un maestro del pase gol. Un ejecutor despiadado con balón detenido. Qué más. Una vital expresión de la negritud deportiva y fiestera, musical y goleadora. Hoy día el gaúcho brasileño es el jugador más vistoso del planeta al que pretenden el mismo Madrid y el Chelsea, que pone su estética al servicio del espectáculo y del triunfo de su equipo, y que con su plus de talento promete poner al Barsa para la próxima temporada, otra vez, como en los vibrantes tiempos de Cruyff en las marquesinas que corresponden. A por el título de liga. A por el título de la Champions. Mínimo.
Sin hablar mucho, sin meterse en asuntos de portaligas y glamour, Ronaldinho es eso que solamente tienen los brasileños para jugar a la pelota: el sonido de los lejanos tambores de origen en sus desplazamientos, en sus pies. El 10 del Barsa lo hace todo con una facilidad increíble. Que siga la batucada. Mientras haya Brasil para el fútbol, el placer por jugar jamás podrá extinguirse.

Como los designios de los dioses de la mitología griega, olvidados junto a tantas otros “detalles” en Troya, los de la industria de celuloide son impajaritables. Gladiador (Ridley Scott/2000) anunciaba el renacimiento del peplum. Para quienes desconocen el término, tal género se nutría, en los 40 y 50 sobre todo, de excursiones californianas libres a los tiempos de romanos y griegos, empaquetadas en megaproducciones seudohistóricas. No se trata empero de una renovación, es, por el contrario, el regreso, con olor rancio, a los actores musculosos, las playas mediterráneas, las hordas de extras, los vestuarios ridículos, los diálogos cursis a guisa de poéticos. Sólo el cartón piedra de las escenografías ha sido substituido por los efectos vía ordenador.
Con asombroso desparpajo los créditos del film pretenden que el libreto de David Benniof está inspirado en el poema épico de Homero. Nada que ver, estamos en presencia de una sinopsis para estudiantes reacios a la lectura. No conozco los antecedentes de Benniof, pero me pregunto si él a su vez no se habrá ilustrado con una edición de La Iliada en Selecciones del Reader Digest.
Resumamos la intriga. Troya es una ciudad fortificada bajo ataque de la armada griega comandada por el espartano Menelao y el miceno Agamenón. Todo el barullo se debe al comportamiento nada prolijo del príncipe troyano Paris, que aprovecha una misión de paz en Esparta para fugarse con Helena, esposa del rey Menelao, desatando la justificada ira de éste y de su hermano Héctor, quién señala atinadamente que no es correcto llevarse a la mujer del anfitrión aprovechando una visita protocolar. Homero, autor del primer gran poema novelado antibélico no quedaba en eso ciertamente, adentrándose por el contrario en los vericuetos de la lucha de los humanos contra el destino manipulado por los dioses, en las complejidades del poder y en las ambivalencias de la pasión amorosa.
Petersen y su guionista no llegan ni cerca, prefieren la simplificación anecdótica de 10 años de guerra y conflictos con el afán de desencadenar cuanto antes casi tres horas de estética de boutique, de batallas confusas, con un helicóptero filmando tomas aéreas que alternan de manera monocorde con otras fragmentadas y con primeros planos desenfocados. 200 millones de dólares se oblaron para exhibir este desfile de modelos de sandalias y minifaldas y contar el más largo proceso de fabricación de un caballo de madera de la historia. Se conoce el escaso apego de los carpinteros a los compromisos, pero 10 años y 163 minutos asediados por el torpor parecen sinceramente demasiado.
El tratamiento mutó a las complejas criaturas homéricas en lineales estereotipos pragmáticos: Paris es un galán afeminado, Héctor el noble de buen corazón, Patroclo el joven con vocación de combatiente, Agamenón el sicópata senil, todos ellos enfrascados en un contencioso de egos, con el estridente acompañamiento de miles de soldados gestados en el disco duro.
Helena (Diane Kruger) resulta más adecuada para promocionar una línea de cosméticos que para inspirar la movilización de 1.000 barcos, así sean virtuales. Por su parte, Paris (Orlando Bloom) es más lindo que su partenaire, tiene en cambio el carisma de un adobe.
Durante el primer apogeo del peplum alguien opinó que si los pechos de Víctor Mature (encargado de fingir ser Hércules, Sansón et. alt) eran más voluminosos que los de sus coprotagonistas femeninas, algo andaba mal en el mundo. El asunto ha empeorado al parecer. Brad Pitt (Aquiles) pasea sus pectorales anabolizados y luce faldas breves, peleando como un bailarín de ballet para arrobo de todas las damas troyanas. Aquiles, dice Homero, era el más grande luchador de todos los tiempos, Pitt asume su personaje cual si descreyera radicalmente de semejante afirmación.
Los diálogos del conjunto están recitados sin convicción, lo que es una suerte puesto que son tan malos que ni cabe imaginar cómo sonarían pronunciados de manera enfática.
Extremando una lectura política de esta nulidad cinematográfica cabe constatarse la maldad de los griegos. Sin embargo, advertido su triunfo final, su brutalidad podría exculparse en nombre de la eficacia, lo mismo que la de Agamenón, cuyo único propósito es perpetuar el honor de su nación . Como Bush 2do. Digamos.
Hasta 1984 Wolfgang Petersen era una prometedora figura del nuevo cine alemán. Ese año, con La Historia sin Fin, saltó a la notoriedad y a Hollywood, donde ahora, con esta historia sin sentido, ha dado un nuevo paso de gigante hacia la nada.
Queda eso sí una moraleja instructiva: a caballo regalado conviene mirarle los dientes. No vaya a ser que adentro se encuentren cientos de hombres armados y sospechosamente ataviados con vestiditos dos talles menores de lo necesario.

FICHA TÉCNICA.- Tit. Orig: Troy- Dirección.: Wolfgang Petersen- Guion: David Benniof sobre La Iliada de Homero- Fotografía.: Roger Pratt- Montaje: Meter Honess - Diseño: Nigel Phelps- Efectos: Mario Cassar.- Música: James Horner- - Producción: Winston Azzopardi, Wolfgang Petersen, Diana Rathbun, Colin Wilson- Intérpretes.: Brad Pitt, John Shrapnel, Brendan Gleeson, Diane Kruger, Eric Bana, Orlando Bloom, Julian Oliver, Brian Cox, Nathan Jones, Adoni Marapis, Jacob Smith, Siri Svegler, Lucie Barat, Ken Bones, Manuel Cauchi, Mark Lewis Jones, Garrett Hendlund, Sean Ben, Julie Christie, Meter O’Toole, James Cosmo, Nigel Ferry, Trevor Eve, Owain Yeamon, Saffran Burrowsa, Luke Tal, Matthew Tal, Rose Byrne, Vincent Regan, Tyler Mane, Louis Dempsey, Joshua Richards, Tim Chipping, Alexis King, Frankie Fitzgerald - USA /2004.