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El occidente del país –el altiplano, en particular– encierra riquezas mineras importantes y de nuevo dispuestas para una explotación en beneficio del país gracias a mejoradas cotizaciones que todo indica durarán en el tiempo y simpre que el Gobierno haga de su parte.

¿Bolivia ha olvidado que existe la “luna llena”?

Charles Bruce

Campamento en San Cristóbal, con traslado del pueblo

Escuchamos mucho sobre la “Media Luna”, de las riquezas agropecuarias en Santa Cruz y del gas en Tarija; pero de la región de Occidente únicamente oímos sobre huelgas, manifestaciones y demandas sindicales. ¿Esta visión es el reflejo de la pobreza extrema de muchas partes del altiplano, donde la posibilidad de inversión es completamente ignorada?
¿ Por qué es más fácil para nosotros, los bolivianos, seguir culpando de nuestros males a los conquistadores que violaron el Cerro Rico de Potosí, o, mejor aún, a los “Barones del Estaño”? ¿O es que gobernantes y gobernados han olvidado que el altiplano fue el sector más rico de Bolivia y el artífice del progreso de las hoy pujantes regiones del oriente?
Hoy, nos encontramos ante la gran ocasión en que el Occidente retome su otrora posición de importancia económica. Es cierto que posiblemente nunca veremos otro Cerro Rico, pero hay muchos otros proyectos que, colectivamente, pueden beneficiar a nuestra magra economía y, sobre todo, proveer miles de empleos. Las condiciones están dadas para revitalizar el sector minero y estoy convencido de que una oportunidad como ésta difícilmente se dará en el futuro, por lo menos en esta generación.
¿ Por qué es tan especial este momento? Como nunca antes en la historia, se han presentado una serie de circunstancias en algunos países, culminando en la escasez de casi todos los minerales y, por ende, en el incremento abrupto de sus precios.
La demanda actual por los metales preciosos no se limita a los buscadores de tesoros escondidos ni a quienes desean asegurar sus fortunas y no tienen fe en el papel moneda. La demanda es mucho más grande que la disponibilidad e irá en aumento por algunos años más. Esta situación alienta el futuro de Bolivia como productor de oro y plata, y debiera, sobre todo, alentar las acciones de las autoridades en este rubro.

Analizando los hechos

Lo más importante es la experiencia actual de China, con un crecimiento del 10 % anual y una población de 1,4 mil millones de habitantes. Esta pujante nación ha reducido en un 50% su exportación de estaño y, por si esto fuera poco, hace algunos años Indonesia redujo fuertemente la producción de este mineral para frenar las ventas del contrabando en el mercado mundial.
Estos acontecimientos se han dado tan rápidamente, que la bolsa de valores no reparó en el veloz consumo de las acumulaciones de estaño y, por ende, su precio tuvo una vertiginosa subida en los últimos días y es muy probable que se duplique en un futuro cercano. Es de esperar que el zinc y la plata experimenten el mismo fenómeno.
Esta nueva realidad puede cambiar la situación de muchas minas bolivianas que hoy se encuentran cerradas debido al bajón que sufrió el precio del estaño en la década de los 80, siempre y cuando los gobernantes no desaprovechen oportunidades y los gobernados colaboren con el desarrollo de la nación.
A propósito, vale la pena que nos remontemos a 1985, cuando una pequeña firma de consultores en La Paz elaboró un programa para atraer inversiones extranjeras hacia el país. Este emprendimiento no fue fácil debido, principalmente, a la desastrosa experiencia del Salar de Uyuni que fue uno de los errores más grandes en la historia de la minería boliviana. El gobierno de entonces no reparó en que el mercado de litio es extremadamente pequeño y uno de los más importantes productores ofreció a Bolivia la oportunidad de producir y aprovisionar más del 40 por ciento del mercado. El Presidente cedió a presiones regionales y anuló el contrato del inversionista, con la consecuencia del traslado de la empresa extranjera al salar “Hombre Muerto” en Argentina, país que ahora goza los beneficios de este negocio.
Semejante fracaso no acobardó a la firma consultora que, directa e indirectamente, despertó el interés de 59 inversionistas quienes se establecieron en Bolivia hasta el año 1996 para hacer exploraciones. Al momento, sólo quedan dos de ellos en el país, ocupados en la operación de CDE, Manquiri, en San Bartolomé, Potosí, dirigida por Expomin, que pretende invertir 70 millones de dólares en un proyecto de plata-estaño; y en el proyecto San Cristóbal, Sur Lípez, que desarrolla una nueva forma de operar una mina de baja ley con contenido de plata, plomo y zinc. Está dirigido por Andean Silver, que ha invertido ya 100 millones de dólares en exploración y factibilidad e invertirá otros 550 millones para completar el proyecto. Los fondos gastados hasta el momento, son considerados capital de riesgo.

Clima de inversión

¿Y que pasó con los otros inversores? Estas empresas de Australia, Canadá, Gran Bretaña y los Estados Unidos, después de haber concluido trabajos de exploración preliminar, dejaron el país debido a la crisis de la minería anotada líneas arriba. Sin embargo, estoy convencido de que muchas de ellas regresarían con un clima de inversión apropiado y suficientemente atractivo. A fin de propiciarlo, la firma consultora que trajo a estas compañías solicitó a los gobiernos anteriores posponer la cancelación del IVA y el GAC de cualquier proyecto minero hasta iniciar la fase de producción. Creo que esta medida no hubiera afectado en nada a la economía, pero fue negada rotundamente por los gobernantes de entonces. Y como si esto fuera poco, el gobierno actual, mediante Decreto Supremo, ofreció este beneficio a todas las empresas involucradas en exportación con excepción de las empresas extractivas. ¿Será que estoy equivocado en considerrar esto como incomprensible?
La minería es una industria de alto riesgo. De cada cien proyectos, únicamente uno llega a tener éxito. Por tal razón, cualquier inversionista minero evalúa los riesgos inherentes y aquellos relativos al país productor. Es penoso para mí enterarme de programas de exploración o nuevos descubrimientos en lugares remotos de África, Rusia y toda Latinoamérica y que Bolivia sea pasada por alto.
¿ La respuesta a esta interrogante? Simplemente, la falta de seguridad jurídica, la aparente inhabilidad del Gobierno de reforzar leyes y de cumplir clara y firmemente con reglas del juego establecidas. Un país tiene que tener la capacidad de definir normas que protejan los intereses nacionales, en primer lugar, y los del inversionista, en segundo término, sea éste nacional o extranjero. Luego de ello, las determinaciones tienen que ser inviolables.
En los últimos días, hemos visto cómo una masa de cooperativistas tomó por asalto la mina Caracoles, dejando a sus trabajadores y respectivas familias en la calle. Otro grupo hizo lo mismo con la mina Colquiri. Las cooperativas son una parte importante de la industria minera y necesitan una fuente de financiamiento y la cooperación del Gobierno en este asunto. Asimismo, deben tener acceso a la maquinaria excedente de Comibol; pero, de ninguna manera, mediante la invasión a propiedades y/o minas privadas. Estas acciones son criminales, ilegales y totalmente destructivas para el país.
Nos guste o no, la única solución a los problemas de Bolivia está en la educación y la productividad. Esto es particularmente verdadero en el Occidente, que necesita desesperadamente la exploración de su única fuente de riqueza, la minería, para igualar las bondades que ofrece al país, con sus recursos naturales, la llamada “Media Luna”. Es preciso conformar una “Luna Llena” para alcanzar la estabilidad y tranquilidad del país. Bolivia no puede existir como nación con semejante desigualdad entre sus departamentos.
Para ello, la inversión es la clave. Hoy, los inversionistas en minería no vienen para violar nuestros recursos. Aunque es cierto que necesitan una tasa de retorno sobre su inversión, ésta es razonable ya que la tendencia actual es que el país productor gane más mediante la política de desarrollo sostenible. Tengo la esperanza de que Bolivia aprovechará los beneficios que la inversión ofrece y las oportunidades presentadas.
La población boliviana, con quien he compartido los últimos cuarenta años de mi vida, ya ha sufrido demasiado y merece una oportunidad. Para la minería, y en especial para el Occidente, es ahora o nunca.

Charles Bruce es empresario en minería y ha sido presidente de Am Cham.

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