ROBANDO VIDAS
Hay a priori unas cuantas muy buenas razones para salir al encuentro de Robando
Vidas. Asumiendo incluso todos los riesgos que a estas alturas supone albergar
ilusiones respecto a las cosas producidas por la industria del norte. Atrae
que en la ficha técnica figuren el nombre de la gran Gena Rowlands,
o la música de Philip Glass, maestro del minimalismo, o que el montaje
esté a cargo de la siempre excepcional Anne V. Coates, de las pocas
que a estas alturas tiene bien interiorizada la diferencia entre sólo
cortar, ordenar y pegar fragmentos de película o contribuir por
el contrario a la creación de una atmósfera valiéndose
de las factibilidades de ese momento tan importante, y tan venido a menos,
del proceso de construcción de un relato cinematográfico.
Adicionalmente, juega el interés de saber si Angelina Jolie deja
de ser Lara Croft y vuelve a tener chance de resituarse como actriz.
Todo ello, se conoce también de antemano, puede resultar más
que insuficiente si el libretista y el director no ponen lo suyo. J.D. Caruso,
hasta aquí productor y realizador de películas para TV atina
en varios momentos, pero yerra de medio a medio con una resolución pedestre,
muy por debajo de los 85 minutos previos. Si la puerilidad del desenlace se
debe a vacilaciones de último momento en el tratamiento, al apuro del
libretista por acabar con el asunto, o si las cosas ya terminaban así de
mal en la novela original de Michael Pye, es cuestión que, a fin de
cuentas, no tiene mayor importancia; la responsabilidad es nomás del
encargado de orquestar la puesta en imagen.
Caruso sale entonces a medias bien parado de la inevitable comparación
con algunos de los títulos relevantes en el género del psico-thriller,
tan manoseado en los últimos años. Resulta, en efecto, insoslayable
la referencia a El Silencio de los Inocentes (Jonathan Demme/1991) - incidentalmente
me pregunto donde andará Demme en medio de tanto incompetente-, Identidad (James Mangold/2003), y en especial Los
Siete Pecados Capitales (David Fincher/1995).
Si el lector espera un producto a la altura de las nombradas haría mejor
en abstenerse de sacar la entrada, pero si está dispuesto a moderar
sus expectativas puede probar sin pena.
La trama transcurre en Montreal, y tal cambio de ambiente, escapando de los
escenarios neoyorkinos o de Chicago, transitados una y mil veces, beneficia
al relato no obstante los excesos de la sombría iluminación,
que por forzar el preciosismo de la imagen peca de oscuridad innecesaria obligando
a forzar la atención para enterarse qué ocurre o quiénes
andan circulando por la escena.
Allí en Montreal trabaja el capitán de policía Leclair,
en cuya ayuda acudió su vieja amiga, la fisonomista del FBI Ileana Scott,
una mujer problemática detrás de la apariencia de funcionaria
obsesiva y aplicada. Ambos tratan de dar con la identidad de un homicida serial
que mata a sus víctimas para hurtarles la identidad. Recibida con desconfianza
por sus nuevos colegas, Ileana consigue pronto resultados positivos, identificando
a Martín Asher, sujeto cuyo prontuario registra el matricidio, 20 años
antes. Su madre, en realidad, vive muy oronda en la misma ciudad.
Todo acontece, se dijo en locaciones a media luz, bañadas por una tonalidad
de color entre verduzca y azulada, muy en la onda del tipo de cromatismo usado
por Fincher. Tanta penumbra invita, a ratos, a enviar una nota de reclamo a
la compañía eléctrica canadiense para protestar contra
el insuficiente voltaje, ya que no siempre la elección responde a necesidades
dramáticas. Por momentos, este estilo si aporta a la densificación
de una trama más concentrada en las oscilaciones de la personalidad
de Ileana que en la persecución del criminal. Incluso cuando asistimos
a la infaltable persecución automovilística, la escena da la
impresión de responder a la necesidad del avance del relato antes que
a una gratuita demostración técnica.
Angelina Jolie, eximida de la sensualidad banal que paseó por varias
de las últimas películas donde fue protagonista, compone un personaje
creíble, manejando con solvencia los vericuetos de su forma de ser,
que en determinado momento lleva al ingenioso asesino a constatar cuanto se
parecen él y su cancerbera. Son visibles por lo demás varios
absurdos y coincidencias insostenibles en la historia, que Caruso camufla con
cierta habilidad, prolongando por otra parte su relato el tiempo necesario,
con la sola demasía de esos horribles cinco minutos finales.
No se si será producto del hartazgo ante tanta película pésima
lo que me lleva a ser tolerante con este trabajo algo menos malo, pero sigo
creyendo que tiene ingredientes recomendables siempre y cuando no se alberguen
expectativas desmedidas.
FICHA
TÉCNICA.- Tit. Orig: Taking Lives- Dirección.:
J.D. Caruso - Guion: John Bokemkamp- Novela: Michael Pie- Fotografía:
Amir M. Mokri- Montaje: Anne V. Coates- Diseño: Tom Southwell-
Arte: Serge Bureau- Música: Philipp Glass- Producción:
Bruce Berman, Alan C. Blomquist, Mark Canton, Bernie Goldmann,
David Heyman- Intérpretes: Angelina Jolie,
Ethan Hawke, Kiefer Sutherland, Gena Rowlands, Olivier Martinez, Tchecky
Karyo, Jean Hughes Anglade, Paul Bono, Justin Chawtin, Andre
Lacoste, Billie Two Rivers,
Richard Lemire, Julien Paoulin, Marie Josee Graze, Christian Tesier, Brigitte
Bodard, Dominique Briand, Alex Sol, Shawn Roberts, Martin Brisebois, Henri
Pardo, Fabiano Amato, Judith Beribeaure, Anne Marineau, Eugenio Osorio, Jesús
Alejandro Nino, Lisandro Martinez, Sandra Campanelli, Vince Grant - USA /2004.